sábado, 25 de abril de 2009

Justo en el momento en que empezaba a encontrar oscuridad hasta en el sol de mi ciudad.
Justo en el momento en que la resignación consumía cada día mi ilusión.
Justo en el momento en que empezaba a sospechar que la ilusión me abandono sin avisar.
Justo en el instante en que empezaba a olvidar, a atreverme, a imaginar, a inventar.
Apareces tú y me das la mano, sin mirarme te acercas a mi lado y despacito me dices susurrando que escuche tu voz.
El destino es la promesa de seguir.